Claudio Pizarro, un jugador que durante más de diez años
juega en Alemania, logro muchas cosas
por tierras germanas como la Bundesliga en más de 3 ocasiones, una Copa de la liga
Alemana y ahora último la UEFA Champions league, seguramente no jugó dicha
final ante el Borussia Dortmund pero estuvo en la banca de suplentes del remodelado
estadio de Wembley y creo que muchos de nosotros, los Peruanos, sentimos una
satisfacción al ver por la televisión a Pizarro cargar la orejona y flamear
entre sus brazos la bandera nacional. Fue un gesto muy emotivo y de satisfacción.
Él en Alemania es
considerado un ídolo del fútbol y no solo por haber batido récord y de ser el máximo
goleador en la Bundesliga, sino que es una persona y referente del fútbol
mundial. En los últimos tiempos Pizarro es
y debe ser el jugador más exitoso del Perú, más allá de que lo critiquen
por su forma de ser, es decir, tiene
poca empatía con la prensa y seguramente con los hinchas por su falta de gol
con la blanquirroja.
Sin embargo, ayer fue una noche distinta para él y para el Perú entero, no solo por que se
celebraba el día de la bandera, sino porque Perú volvía a jugar por las
eliminatorias ante Ecuador, rival que históricamente no le ganábamos hace más
de treinta años y Markarián sabía que tenía una deuda con la afición de devolverle una alegría a nuestra hinchada
que están sufrida pero que a pesar de que cueste hablar de selección y
mundiales, siempre soñamos con llegar a la meta.
Y fue por obra y gracia del capitán, del peruano que lleva
la número catorce en la espalda que nos devolvió esa sonrisa infinita, ese
jugador que más de 15 millones de Peruanos no lo quiere, no le cree por su
falta de gol cuando se pone la mica nacional, y cuando llego el minuto doce de
juego inicial, todo el Perú grito gol, con ganas, con corazón, con el sueño
plasmado en la cancha y señalando que “el
bombardero de los andes” aun estaba vigente y enamorado de la pelota, solo que había
tenerle paciencia, darle esa oportunidad que poco o nunca la tuvo y esta vez no
tuvo ni la presión ni las pifias de la
afición que seguramente el no lo ha dicho
pero se le enhotaba en partidos y
eliminatorias anteriores.
Hoy, Claudio debe ser el hombre más feliz, vuelve su romance con el balón, le da el triunfo al
país, las críticas de los diversos medios quedan de lado y todo el Perú al menos hoy día lo quiere más
que nunca.

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